¿Y SI VÍCTOR FUERA TU PADRE?

Sumario

EL ABANDONO DE NUESTROS MAYORES POR LA COMUNIDAD DE MADRID

Hoy quiero contaros algo que, sinceramente, cuesta escribir.

Porque cuando conoces de cerca la situación de una persona y ves cómo va empeorando, llega un momento en que dejas de ver expedientes, papeles y solicitudes. Ves a una persona.

Y esa persona se llama Víctor.

Tiene 89 años, vive solo y no tiene familia que pueda hacerse cargo de él en su día a día.

Su situación ha empeorado mucho.

Necesita oxígeno las 24 horas, se desplaza con bastón muy despacio, le cuesta nadar y estar de pie, prácticamente no puede salir de casa y ya no puede ducharse solo ni hacerse la comida diaria.

El pasado 29 de mayo de 2026 una vez más, tuvo que acudir a Urgencias acompañado por un vecino, que es quien está pendiente de él y le ayuda siempre que puede. En aquel informe ya se hacía constar la necesidad de solicitar una residencia con carácter urgente.

Después también intervino Cuidados Paliativos.

Y Víctor sigue en casa.

Solo.

Esperando.

A Víctor le han puesto teleasistencia. Un reloj para poder pedir ayuda si ocurre algo.

Y claro que es una ayuda.

Pero pensemos un momento.

¿Y SI UN DÍA SE CAE Y NO PUEDE PULSAR EL BOTÓN?

¿Qué hacemos entonces?

¿Quién le encuentra?

¿Un vecino?

¿Horas después?

¿Cuándo ya sea demasiado tarde?

La teleasistencia puede ayudar cuando una persona puede pedir auxilio.

Pero no puede sustituir los cuidados diarios que necesita alguien en la situación de Víctor.

Y aquí es donde creemos que está el verdadero problema.

Víctor no necesita únicamente que alguien pueda acudir si un día tiene una emergencia.

Necesita estar cuidado.

Necesita tener a alguien pendiente de él.

Necesita ayuda para sus actividades diarias.

Necesita supervisión.

Necesita seguridad.

Y, sobre todo, necesita poder vivir esta etapa de su vida con dignidad y una calidad de vida adecuada a sus circunstancias.

Por eso hablamos de una residencia.

Una residencia adecuada puede darle a Víctor algo que ahora mismo no tiene: compañía, atención profesional, cuidados continuados, seguridad y la tranquilidad de saber que si necesita ayuda habrá alguien allí.

Porque una persona de 89 años que vive sola, necesita oxígeno las 24 horas, tiene dificultades importantes para desplazarse y ya no puede realizar por sí misma determinadas actividades básicas, necesita que su situación residencial sea valorada seriamente.

Y aquí tampoco estamos hablando simplemente de lo que nosotros pensamos.

La propia normativa de la Comunidad de Madrid contempla la atención residencial para aquellas personas que, por sus limitaciones de autonomía o por su situación sociofamiliar, no pueden ser atendidas adecuadamente en su domicilio y necesitan un centro residencial.

También contempla mecanismos de atención urgente para situaciones especialmente graves y cuando no existe una familia que pueda prestar los apoyos necesarios.

Entonces, viendo la situación de Víctor, la pregunta sale sola:

¿QUÉ MÁS TIENE QUE PASAR PARA QUE SE ACTÚE?

En Agustín de Foxá, 31, en Madrid, está la oficina de la Comunidad de Madrid donde se puede acudir, explicar la situación, aportar los informes médicos y presentar toda la documentación.

Y sí, allí te atienden.

Pero después llega la espera.

Y mientras se espera, Víctor sigue en casa.

Solo.

Con su oxígeno.

Con su bastón.

Con sus limitaciones.

Y con un reloj en la muñeca.

Por eso queremos pedir algo muy sencillo:

Que la Comunidad de Madrid mire el caso de Víctor como lo que realmente es.

No como un expediente más.

No como otro papel que añadir a una carpeta.

Como la vida de un hombre de 89 años que necesita cuidados.

Si los profesionales y la propia valoración de su situación determinan que necesita una plaza residencial, que se le proporcione una solución residencial adecuada y con la urgencia que su estado requiere.

Porque una residencia no significa perder dignidad.

A veces significa precisamente lo contrario: volver a tener seguridad, cuidados, compañía y una vida mucho más tranquila.

Ahora imaginemos que Víctor fuera nuestro padre.

Que tuviera 89 años.

Que viviera solo.

Que necesitara oxígeno día y noche.

Que no pudiera ducharse sin ayuda.

Que apenas pudiera salir de casa.

Y que nosotros no pudiéramos estar a su lado todos los días.

¿Nos quedaríamos tranquilos sabiendo que está solo y que simplemente tiene que esperar?

Yo creo que no.

Nuestros mayores han cuidado de nosotros durante toda su vida.

Y cuando llega el momento en que son ellos quienes necesitan cuidados, merecen recibirlos.

No podemos esperar a que ocurra una caída.

No podemos esperar a que no pueda pedir ayuda.

No podemos esperar a que ocurra una desgracia para reaccionar.

HAY QUE LLEGAR ANTES.

Víctor no está pidiendo una vida de lujo.

Está pidiendo, aunque quizá ni siquiera pueda pedirlo con esas palabras, poder estar cuidado, seguro y acompañado.

Y eso es precisamente lo que debería garantizar una atención adecuada cuando una persona ya no puede vivir sola en condiciones de seguridad.

Hoy es Víctor.

Mañana puede ser nuestro padre.

Nuestra madre.

Nuestro abuelo.

O cualquiera de nosotros.

Por eso pedimos a la Comunidad de Madrid que no espere a que ocurra algo irreversible para actuar.

Que estudie su situación.

Que aplique los mecanismos que correspondan.

Y si necesita una residencia, que llegue a tiempo.

Porque detrás de cada expediente hay una persona.

Y detrás de Víctor hay 89 años de vida.

NO ESPEREMOS A QUE SEA DEMASIADO TARDE.

NUESTROS MAYORES MERECEN CUIDADOS, SEGURIDAD Y DIGNIDAD.

José Vidal.

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Redacción Alcalá Viva

Redacción de Alcalá Viva. Equipo editorial del medio digital independiente de Alcalá de Henares.

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