Carta pastoral a los diocesanos de Alcalá de Henares
El obispo dirige una carta pastoral a todos los diocesanos de Alcalá de Henares con motivo del inicio de la Cuaresma, que comenzará el próximo miércoles con la imposición de la ceniza. En su mensaje, fechado el 16 de febrero de 2026, anima a vivir este tiempo litúrgico como una auténtica “Fiesta de los Cuarenta Días”, orientada a la conversión personal y al amor a Dios y al prójimo.
La carta subraya que la Cuaresma es un tiempo para despertar del materialismo y del egoísmo, y para centrar la vida cristiana en lo que realmente importa.
Oración, limosna y ayuno: el camino cuaresmal
El obispo recuerda que la Iglesia propone tres medios tradicionales para recorrer el camino cuaresmal: la oración, la limosna y el ayuno. Sobre la oración, cita la encíclica Spe Salvi de Benedicto XVI, donde se define como el espacio en el que las aspiraciones humanas se purifican a la luz de la Palabra de Dios. “Solo quien reza puede caminar en la verdad”, señala la carta.
La oración, añade, está profundamente unida a la limosna, ya que abre el corazón a las necesidades de los demás y evita que la persona se encierre en sí misma.
Escuchar el clamor de los pobres
En este contexto, el obispo recoge el mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma de este año, en el que invita a escuchar el grito de los pobres, como Dios escuchó el clamor de su pueblo en Egipto.
Como ejemplo de esta actitud evangélica, recuerda un testimonio de Santa Teresa de Calcuta, quien relató cómo una niña de nueve años le entregó un tarro de azúcar que había guardado durante meses para dárselo a los pobres, comprendiendo así el verdadero sentido de la limosna y su relación con el ayuno.
El ayuno como ejercicio de conversión
La carta insiste en que el ayuno no debe entenderse como una práctica superficial o centrada en la propia imagen. “No basta con dar lo que nos sobra”, recuerda el obispo, citando a la Madre Teresa, quien afirmaba que hay que dar “hasta que duela”.
El ayuno, señala, es un ejercicio ascético antiguo e insustituible en el camino de la conversión, pero advierte del riesgo de practicarlo desde el orgullo o la autoafirmación personal. En la oración, la limosna y el ayuno, el centro no puede ser el yo, sino Dios y el prójimo.
Abstenerse de palabras que hieren
Más allá de la privación de alimentos, el obispo destaca una forma concreta de abstinencia propuesta por el Papa para esta Cuaresma: abstenerse de palabras que dañan. Renunciar a las palabras hirientes, a los juicios precipitados, a la calumnia y al hablar mal de los ausentes forma parte, según el mensaje, de un auténtico ayuno cristiano.
Una Cuaresma marcada por la caridad
La carta concluye invitando a entrar en el “desierto cuaresmal” con el propósito de que esta Cuaresma sea la fiesta de la caridad fraterna, siguiendo la exhortación de san Pablo a emplear palabras buenas, constructivas y a vivir desde el perdón y la comprensión mutua.
El obispo finaliza deseando a todos los diocesanos una feliz y santa Cuaresma, acompañada de su saludo y bendición.












