La Navidad de este año en Alcalá de Henares no es fruto de la improvisación. Responde a una línea política clara marcada desde la llegada al Ayuntamiento de la alcaldesa Judith Piquet y de su concejal de Fiestas y Tradiciones Populares, Antonio Saldaña, que han apostado por reforzar una idea sencilla pero poderosa: conjugar tradición, participación ciudadana y ciudad. Una Navidad pensada para vivirse.
Esa mirada se ha traducido en una programación que ha recuperado y potenciado elementos profundamente arraigados en la identidad complutense. Los gigantes y cabezudos han ganado protagonismo, no solo como icono festivo, sino como nexo entre generaciones. Las peñas, la charanga Peñas Todo el Año, los pasacalles, las actividades matinales y la implicación de asociaciones y colectivos han convertido la Navidad en algo compartido, donde la calle vuelve a ser el escenario principal.
En ese refuerzo de las tradiciones cobra especial relevancia el trabajo de la Asociación de Belenistas de Alcalá de Henares, cuyos belenes vuelven a ser una pieza esencial del relato navideño de la ciudad. Sus montajes, cuidados y llenos de simbolismo, no solo preservan una tradición cultural profundamente arraigada, sino que invitan a vecinos y visitantes a recorrer Alcalá desde una mirada más pausada, familiar y patrimonial.
A ello se suma una mejora notable de la iluminación navideña, más cuidada y mejor integrada en el entorno urbano, que refuerza el ambiente festivo sin perder de vista el carácter histórico de la ciudad.
No es casualidad que esta etapa haya dejado atrás aquel intento de competir con Torrejón y de replicar ferias en recintos alejados del corazón urbano, una fórmula que ni terminó de cuajar ni encajaba con la esencia de Alcalá. La propia experiencia demostró que una ciudad con un casco histórico Patrimonio de la Humanidad no podía dar la espalda a sus plazas y calles más emblemáticas. Hoy, la Navidad se integra de forma natural en el centro histórico, dialogando con su patrimonio y reforzando su identidad.
Dentro de esta apuesta destaca con fuerza la consolidación de las preuvas, una celebración que, aunque ya existía en otros municipios de la Comunidad de Madrid como Getafe, Leganés, Parla o Fuenlabrada, en Alcalá adquiere una dimensión especial. La Plaza de Cervantes se convierte en un punto de encuentro festivo, participativo y familiar, con un ambiente propio que podría acabar estableciéndose como una referencia navideña singular y una alternativa potente para quienes buscan despedir el año desde la calle y en comunidad.
Pero la Navidad no se ha quedado solo en el centro. Los barrios han sido protagonistas, con actividades descentralizadas, espectáculos familiares, pasacalles y visitas de gigantes y cabezudos en horario de mañana, acercando la fiesta a quienes no siempre pueden desplazarse. Una forma de entender la celebración como algo inclusivo y repartido, donde toda la ciudad cuenta.
Todo ello contribuye, además, a algo que va más allá del calendario festivo: hacer marca Alcalá. La Navidad se convierte así en un nuevo polo de atracción turística, capaz de atraer visitantes sin renunciar a lo cercano, a lo cotidiano, a lo nuestro. Porque potenciar la Navidad no es solo poner luces, sino reforzar el orgullo de ciudad, proyectar identidad y demostrar que Alcalá sabe celebrar desde lo que es.
Esta Navidad deja una idea clara: cuando tradición, participación y patrimonio caminan juntas, Alcalá no necesita parecerse a nadie para brillar.












