Una investigación en la que participan las universidades de Alcalá y Complutense de Madrid analiza las dificultades para comunicar las agresiones sexuales facilitadas por alcohol y otras drogas. Entre las 583 personas que declararon haber sufrido este tipo de violencia, solo el 4,3 % había informado de lo ocurrido a algún servicio sanitario, psicológico, policial o judicial.
El estudio, publicado en la revista científica Frontiers in Public Health, identifica diferencias importantes según la estrategia utilizada por el agresor. La comunicación a instituciones es mucho menos frecuente cuando se trata de sumisión química oportunista, es decir, cuando el agresor se aprovecha de que la víctima ha consumido alcohol u otras sustancias voluntariamente.
La mayoría solo lo cuenta a su entorno cercano
De las 583 personas que manifestaron haber sufrido una agresión sexual facilitada por drogas (VSFD), el 17,5 % nunca había contado lo ocurrido a nadie. Otro 78,2 % lo había compartido exclusivamente con personas de su entorno cercano, mientras que únicamente el 4,3 % había acudido a algún servicio sanitario, psicológico, policial o judicial.
La comunicación a las instituciones policiales o judiciales era todavía menos habitual: solo el 1,9 % de las víctimas había informado a estos organismos.
Los resultados muestran también diferencias en función de la modalidad de sumisión química. En los casos de sumisión química proactiva, cuando el agresor administra sustancias a la víctima de forma encubierta o forzada, el 34,2 % había comunicado la agresión a alguno de los servicios analizados.
Sin embargo, cuando el agresor se aprovecha del consumo voluntario de alcohol u otras sustancias por parte de la víctima —lo que se conoce como sumisión química oportunista—, ese porcentaje desciende hasta el 1,4 %.
Barreras que dificultan pedir ayuda
Para explicar la falta de comunicación, los investigadores plantean un modelo conceptual que reúne distintos factores que pueden dificultar que las víctimas reconozcan lo sucedido, lo cuenten o busquen ayuda.
Entre las barreras identificadas figuran los mitos relacionados con la sumisión química, las alteraciones de memoria que pueden provocar determinadas sustancias, la ausencia de lesiones físicas visibles y los estereotipos sexistas que pueden contribuir a culpabilizar a las víctimas.
Pablo Prego, investigador del Departamento de Salud Pública de la Universidad Complutense de Madrid, señala que la interacción de estos factores podría contribuir a que las agresiones oportunistas permanezcan especialmente invisibilizadas. Por ello, considera fundamental evitar los juicios y cuestionamientos hacia las víctimas y favorecer entornos de comprensión, apoyo y confianza.
El investigador destaca así una de las principales conclusiones del trabajo: la modalidad más frecuente en los contextos de ocio nocturno es también la que presenta menores niveles de comunicación a los servicios de asistencia y a las autoridades.
Un problema frecuente en contextos de ocio nocturno
El estudio se apoya también en una investigación anterior del mismo equipo, publicada en 2024 en la revista Public Health. Aquel trabajo encontró que el 48,4 % de las mujeres y el 27 % de los hombres de entre 18 y 35 años declaraban haber sufrido al menos un episodio de violencia sexual facilitada por alcohol u otras drogas mientras estaban de fiesta.
Entre las víctimas que aportaron información sobre la modalidad de consumo, el 92,6 % señaló que el agresor se había aprovechado de los efectos de sustancias consumidas voluntariamente, principalmente alcohol. El 7,4 % restante refirió algún tipo de consumo involuntario.
Estos datos ponen de manifiesto la importancia de abordar también las agresiones en las que no se han administrado sustancias de forma encubierta. Los investigadores subrayan que el consumo voluntario de alcohol u otras drogas no responsabiliza en ningún caso a la víctima de la agresión.
Una investigación con participación de la UAH
El trabajo ha sido desarrollado por investigadores vinculados al Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas (ObservaVSFD), una iniciativa interuniversitaria en la que participan especialistas de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Alcalá.
El Observatorio desarrolla actividades de investigación, divulgación y prevención para mejorar el conocimiento científico sobre esta forma de violencia sexual, visibilizar su alcance y contribuir al diseño de estrategias de prevención y atención.
La muestra inicial del estudio estuvo formada por 1.601 participantes, seleccionados mediante un procedimiento de muestreo por cuotas según sexo, grupo de edad y comunidad autónoma de residencia, con representación de las 17 comunidades autónomas. De ese conjunto, 583 personas —el 36,4 %— declararon haber experimentado al menos una agresión sexual facilitada por alcohol u otras drogas durante o inmediatamente después de una actividad de ocio nocturno.
El cuestionario, elaborado por un equipo interdisciplinar a partir de instrumentos científicos utilizados en investigaciones anteriores sobre violencia sexual, analizó los patrones de comunicación de la experiencia más reciente de victimización. También estudió su relación con características sociodemográficas y aspectos de la agresión, como su carácter invasivo, el número de agresores, la relación previa entre víctima y agresor y la estrategia empleada para facilitarla.
Los investigadores piden revisar las campañas de prevención
Los autores consideran que los resultados tienen implicaciones para la prevención de la violencia sexual, la atención sanitaria y psicológica, la formación de profesionales y el diseño de políticas públicas.
Entre sus propuestas figura ampliar las campañas de prevención para que representen también la sumisión química oportunista y contribuyan a reducir el estigma que puede dificultar que las víctimas comuniquen lo sucedido.
Los investigadores insisten en que la responsabilidad de una agresión sexual recae exclusivamente en quien la comete, con independencia de que la víctima hubiera consumido alcohol u otras sustancias voluntariamente.
El artículo científico puede consultarse en Frontiers in Public Health. La investigación anterior del equipo está disponible en PubMed.











