Cada mes de junio, Alcalá de Henares cambia durante unos días. Las bibliotecas se llenan, los institutos contienen la respiración y miles de jóvenes afrontan una de las pruebas más importantes de su vida académica. La PAU vuelve a situar a nuestra ciudad en el mapa educativo de España, recordándonos algo que a veces olvidamos: Alcalá sigue siendo, ante todo, una ciudad universitaria.
La Universidad de Alcalá no es únicamente un conjunto de edificios históricos o un prestigioso campus reconocido internacionalmente. Es una institución que cada año atrae talento, genera actividad económica, impulsa la investigación y mantiene viva una tradición académica que forma parte de la identidad de la ciudad desde hace siglos.
Este año, además, la propia Universidad ha vuelto a demostrar que también sabe comunicar con inteligencia y cercanía. Su campaña dirigida a los estudiantes que realizan la PAU, con el ya célebre mensaje «Somos la Universidad Histórica que formó a Quevedo (ese no, el otro)», ha conseguido algo difícil: acercar una institución centenaria al lenguaje de las nuevas generaciones sin perder un ápice de rigor ni de identidad.
Porque competir por atraer estudiantes es hoy una realidad para todas las universidades. Y hacerlo desde el humor, la historia y el orgullo de pertenencia es una fórmula tan sencilla como eficaz.
Una ciudad que también examina su hospitalidad
Pero la PAU no solo pone a prueba a los estudiantes. También examina a la ciudad que los recibe.
Durante estos días llegan a Alcalá miles de jóvenes procedentes de numerosos municipios de la Comunidad de Madrid. Muchos pisan por primera vez nuestras calles, descubren el casco histórico, conocen la universidad y se llevan una primera impresión que puede marcar futuras decisiones académicas.
Por eso resultan especialmente valiosos los gestos que nacen desde la propia sociedad civil.
Una de las iniciativas más simpáticas y generosas de esta semana ha sido la protagonizada por la distribuidora de frutas madrileña Madre Mía, que ha repartido fruta gratuitamente entre los estudiantes que realizaban los exámenes. Un detalle sencillo, pero cargado de significado. En jornadas largas, con nervios, calor y muchas horas de concentración, una pieza de fruta puede parecer algo pequeño. Sin embargo, transmite un mensaje importante: la ciudad está con vosotros.
Son esos gestos, aunque lamentablemente muy minoritarios, los que construyen comunidad.

Mucho más que unos exámenes
Detrás de cada estudiante que estos días entra en un aula hay años de esfuerzo, familias enteras apoyando, profesores acompañando procesos educativos y una enorme cantidad de ilusión acumulada.
La PAU es una prueba importante, pero no define por completo el futuro de nadie. Lo que sí define a una ciudad es cómo recibe a quienes llegan a ella y cómo es capaz de convertir un examen en una experiencia positiva.
Alcalá tiene una oportunidad magnífica para seguir reivindicando su condición universitaria. No solo desde sus edificios históricos o desde los grandes actos académicos, sino también desde la cercanía, la hospitalidad y el orgullo de ser una ciudad donde estudiar, vivir y crecer.
Porque durante unos días los protagonistas son ellos. Los estudiantes que buscan abrir una puerta hacia el futuro.
Y pocas cosas encajan mejor con la historia de Alcalá que ayudar a abrir puertas.












