Hay proyectos que cuentan con un amplio consenso antes incluso de ponerse en marcha. El carril Bus-VAO de la A-2 era uno de ellos. Durante años ha sido una reivindicación de los municipios del Corredor del Henares, de los usuarios del transporte público y de miles de conductores que cada mañana sufren las retenciones de acceso a Madrid.
Sin embargo, muy pocos imaginaban que ese carril Bus-VAO acabaría consistiendo en retirar capacidad a la propia autovía en las horas de mayor tráfico. La idea que muchos tenían en mente era la del histórico Bus-VAO de la A-6, inaugurado en 1995: una infraestructura específica, segregada y creada para aumentar la capacidad de la vía y ofrecer un acceso rápido al transporte colectivo y a los vehículos de alta ocupación. Un proyecto ambicioso que sumaba, no que restaba capacidad a la carretera existente.
Una reivindicación que merecía otra solución
El Corredor del Henares necesita mejorar su movilidad. En eso existe un consenso prácticamente absoluto. Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz y el resto de municipios llevan décadas creciendo mientras aumenta el número de desplazamientos diarios hacia Madrid.
Precisamente por eso sorprende que la solución elegida haya sido convertir el carril izquierdo ya existente en un Bus-VAO dinámico, activado únicamente en determinadas franjas horarias mediante señalización electrónica y control automatizado. El proyecto, previsto desde 2019, busca favorecer el transporte público y los vehículos con dos o más ocupantes, reduciendo tiempos de viaje y emisiones.
El objetivo es razonable. La forma de conseguirlo es lo que ha abierto el debate.
Más dudas que certezas
Los primeros días de pruebas han dejado una sensación de incertidumbre. No tanto por el funcionamiento tecnológico como por la percepción de muchos usuarios.
La regulación resulta compleja para quien circula diariamente por la A-2. Horarios variables, señalización dinámica, cámaras capaces de detectar ocupantes y sanciones de 200 euros por utilizar el carril de forma indebida convierten la experiencia en algo que exige una atención constante.
Cuando una medida necesita tantas explicaciones desde el primer día, probablemente convenga preguntarse si su diseño es el más intuitivo posible.
La sensación de que se castiga más de lo que se mejora
Algunos medios nacionales ya han apuntado una percepción que empieza a extenderse entre muchos conductores: que el sistema parece estar diseñado más para controlar y sancionar que para resolver definitivamente el problema de movilidad. Esa percepción puede ser injusta con los objetivos reales del proyecto, pero existe y conviene no ignorarla.
Las críticas tampoco han llegado únicamente desde los usuarios. Diversos grupos políticos, entre ellos Más Madrid, han planteado reservas sobre la implantación, mientras que el Ayuntamiento de Alcalá de Henares ya había solicitado antes de su puesta en marcha que se aplazara hasta contar con más información y garantías sobre su impacto en el tráfico.
Escuchar durante el periodo de pruebas
Precisamente para eso sirven las pruebas piloto: para comprobar si una medida funciona y corregir aquello que sea necesario. Pero quizás no sea agosto el mes más adecuado para comprobar su capacidad real de mejora del tráfico.
Si dentro de unos meses los datos demuestran que el sistema mejora realmente la movilidad sin generar nuevos problemas, habrá merecido la pena. Si ocurre lo contrario, también debería existir la capacidad de rectificar sin convertir una solución provisional en un problema permanente.
Porque el Corredor del Henares necesita un Bus-VAO. De eso hay pocas dudas.
Una solución que recuerda a otros tiempos
Lo que todavía está por demostrar es que esta sea la forma adecuada de hacerlo. Todo este proyecto deja una sensación de déjà vu que en Alcalá muchos recordarán. Evoca aquella controvertida peatonalización de principios del siglo XXI durante el mandato del alcalde socialista Manuel Peinado, la conocida como «la de los bolardos». También entonces se intentó dar respuesta, de una forma relativamente rápida y económica, a una reivindicación ciudadana. Sin embargo, la ejecución dividió opiniones: algunos vecinos vieron aspectos positivos, mientras que otros residentes, comerciantes y gran parte de la ciudad acabaron sufriendo las consecuencias de una medida que partía de una buena intención, pero cuya aplicación no estuvo a la altura del objetivo perseguido.
Las grandes infraestructuras de movilidad solo tienen éxito cuando consiguen un equilibrio entre eficacia, claridad y aceptación social. Ojalá este periodo de pruebas sirva precisamente para eso: escuchar, corregir y construir una solución que responda a una reivindicación histórica sin crear nuevos problemas para quienes utilizan cada día la A-2.












