Durante buena parte del siglo XX, el río Henares fue mucho más que un cauce que atravesaba Alcalá de Henares. Era un lugar de encuentro, de baño, de pesca, de excursiones familiares y de deporte. Muchos alcalaínos todavía recuerdan los veranos junto a la presa del Cayo o las jornadas en torno al puente de Zulema, dos enclaves que durante décadas formaron parte de la memoria colectiva de la ciudad.
Hoy cuesta imaginar aquella imagen. El río ha quedado relegado a un segundo plano, observado desde sus paseos y sendas, pero raramente disfrutado desde el agua. Sin embargo, cada verano vuelve la misma pregunta: ¿podría Alcalá recuperar algún día esa relación perdida con su río?
Del río de los bañistas al río de los paseantes
Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo pasado, bañarse en el Henares era una costumbre habitual. La presa del Cayo generaba una lámina de agua tranquila que atraía a numerosos vecinos, mientras que la zona del puente de Zulema también era uno de los puntos tradicionales de baño y recreo.
Aquellos usos fueron desapareciendo por distintas razones: el deterioro de la calidad del agua durante décadas, la pérdida de infraestructuras, la transformación del entorno y, sobre todo, una normativa cada vez más restrictiva respecto a los usos del dominio público hidráulico.
Paradójicamente, mientras el río ha mejorado notablemente en algunos aspectos ambientales durante los últimos años, la ciudadanía ha ido alejándose de él.
Un corredor natural con un enorme potencial
Hoy el Henares ofrece una de las mayores riquezas naturales del Corredor. Su senda fluvial conecta barrios, la Universidad de Alcalá, zonas deportivas y espacios protegidos donde es posible observar aves, bosques de ribera y una biodiversidad difícil de encontrar tan cerca de una gran ciudad.
Ese patrimonio merece seguir siendo protegido. Pero proteger no debería significar necesariamente impedir cualquier uso ciudadano.
En numerosos países europeos existen ejemplos donde conservación y disfrute conviven mediante zonas delimitadas para baño, embarcaciones sin motor, actividades educativas o deportivas perfectamente reguladas.
Piragüismo, navegación y deporte: ¿una posibilidad?
El Henares ya ha acogido históricamente actividades como el piragüismo, aunque de forma mucho más limitada que décadas atrás.
La pregunta que merece abrir un debate sereno es otra: ¿podría recuperarse una parte de esos usos recreativos?
No hablamos de convertir el Henares en un río masificado, sino de estudiar si determinados tramos podrían albergar:
- actividades de piragüismo deportivo;
- pequeñas embarcaciones sin motor;
- rutas interpretativas;
- zonas de baño controladas si la calidad del agua y las condiciones de seguridad lo permitieran.
Existen ejemplos cercanos. En Aranjuez, el Tajo mantiene actividades náuticas ligadas a su patrimonio histórico, mientras que el Canal de Castilla, en Palencia, ha sabido convertir una antigua infraestructura hidráulica en un recurso turístico y deportivo de primer orden.
Cada río tiene características distintas y el Henares no puede compararse directamente con ellos, pero sí demuestra que la recuperación del uso ciudadano del agua no es una idea imposible cuando existe planificación técnica y voluntad institucional.
Ayuntamiento y Confederación: una relación que necesita avanzar
Uno de los obstáculos recurrentes ha sido la compleja relación competencial entre el Ayuntamiento de Alcalá y la Confederación Hidrográfica del Tajo, responsable de la gestión del dominio público hidráulico.
Durante los últimos años no han faltado controversias sobre actuaciones en el cauce, limpieza de vegetación, mantenimiento de márgenes o autorizaciones para diferentes intervenciones. Son diferencias habituales en muchas ciudades atravesadas por ríos, donde confluyen competencias municipales, autonómicas y estatales.
Precisamente por ello, sería deseable que el Henares dejara de ser un espacio de desencuentro administrativo para convertirse en un proyecto compartido.
Pensar el río del siglo XXI
Nadie propone regresar exactamente al río de hace sesenta años. Las exigencias ambientales, sanitarias y de seguridad son hoy muy distintas y deben seguir siéndolo.
Pero tampoco parece razonable resignarse a que el Henares sea únicamente un paisaje que contemplar desde la distancia.
Quizá haya llegado el momento de elaborar un verdadero plan de futuro para el río a su paso por Alcalá: analizar científicamente la calidad del agua, estudiar la viabilidad de recuperar determinados usos deportivos, valorar espacios donde el baño pudiera ser compatible con la conservación y seguir potenciando la educación ambiental.
Porque una ciudad Patrimonio Mundial también puede aspirar a recuperar la relación con el paisaje natural que la ha acompañado durante siglos.
El Henares no necesita convertirse en una playa. Solo necesita volver a ser, en la medida en que la naturaleza y la técnica lo permitan, un río vivido además de un río contemplado.
La ilustración que acompaña este editorial es una recreación artística en estilo dibujo realista basada en una fotografía anónima distribuida por la Agencia EFE en la década de 1960. No reproduce fielmente la imagen original, sino que rinde homenaje a una de las estampas más representativas de los veranos del río Henares a su paso por Alcalá de Henares, evocando la memoria colectiva de toda una generación.












