1986: 40 años de cuando Alcalá dejó de estar partida en dos

Sumario

Este pasado viernes se cumplieron 4 décadas de uno de los momentos más determinantes en la historia reciente de Alcalá de Henares: la puesta en servicio de la variante de la antigua Nacional II, que desvió el tráfico fuera del casco urbano y puso fin a muchos lustros de división física de la ciudad.

La fecha, sin embargo, ha pasado desapercibida. Sin actos ni recordatorios públicos, algo que también resulta comprensible si se tiene en cuenta que en su momento fue una reivindicación largamente esperada por la ciudad y que, con el paso del tiempo, ha terminado integrándose con naturalidad en la vida cotidiana de Alcalá.

Y, sin embargo, aquel 22 de mayo de 1986 fue cualquier cosa menos un día más.

Una inauguración sin inauguración

La apertura de la variante estuvo marcada por lo inesperado. La anunciada presencia del ministro de Obras Públicas, Javier Sáenz de Cosculluela, e incluso del vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, se cayó a última hora.

La inauguración oficial nunca llegó a celebrarse como estaba prevista.

En su lugar, la carretera se abrió al tráfico sin ceremonia, en medio de una notable irritación en medios municipales y con un contexto social tenso, marcado por protestas laborales como las protagonizadas por trabajadores de Ibelsa, que incluso llegaron a cortar el tráfico en la nueva vía pocas horas después de su apertura.

La infraestructura que iba a simbolizar un hito para la ciudad comenzó su vida útil sin foto oficial.

Pero más allá de la anécdota, el cambio ya era irreversible.

El relato de una ciudad que cambiaba

Los dos semanarios locales de la época, Puerta de Madrid y Alcalá Semanal, reflejaron aquel momento desde perspectivas complementarias, pero coincidentes en lo esencial: Alcalá estaba dejando atrás una etapa.

Por un lado, la información recogía los datos objetivos:
una variante de 10,9 kilómetros, una inversión superior a los 1.400 millones de pesetas y la previsión de que decenas de miles de vehículos dejarían de atravesar diariamente la ciudad.

Pero junto a esos datos, aparecía algo más importante: la conciencia de que no se trataba solo de una obra, sino de una transformación urbana de gran alcance.

Puerta de Madrid recogía además el contexto político y social del momento, las ausencias en la inauguración, las tensiones y las reacciones ciudadanas. Nada parecía sencillo en aquel proceso.

El fin de una “pesadilla”

Más allá de la crónica inmediata, el desaparecido y futuro cronista Francisco Javier García Gutiérrez dejó en aquellas mismas páginas un testimonio que hoy resulta especialmente revelador.

Definía la Nacional II como un “divieso”, un problema enquistado durante décadas que había acompañado al crecimiento de la ciudad desde los años sesenta. Una carretera que no solo generaba tráfico, ruido o contaminación, sino que llegó a costar vidas y a partir físicamente Alcalá en dos mitades.

Su artículo no era solo informativo. Era también una despedida.

La carretera que durante años había condicionado la vida de la ciudad “moría” simbólicamente con la apertura de la variante, dando paso a una Alcalá distinta, más unida y con nuevas posibilidades de desarrollo.

La oportunidad de una nueva ciudad

Aquel mismo momento coincidió con la presentación de una serie de proyectos urbanísticos que hoy ayudan a entender la magnitud de lo que estaba en juego.

La transformación de la antigua travesía en la actual Vía Complutense, la peatonalización de la calle Mayor o la recuperación de espacios históricos no eran actuaciones aisladas.

Respondían a una misma idea: convertir una barrera en un nexo y devolver el espacio urbano a los ciudadanos.

Lo que durante años había sido una infraestructura de paso se convertía, al menos en el papel, en un lugar para quedarse.

Cuarenta años después

Cuatro décadas más tarde, muchas de aquellas decisiones forman parte de la normalidad urbana de Alcalá. La ciudad que hoy recorremos es, en buena medida, heredera directa de aquel momento.

Quizá por eso sorprende aún más el silencio que ha acompañado esta efeméride.

Porque recordar no es solo un ejercicio de memoria. Es también una forma de entender cómo se construyen las ciudades y cómo determinadas decisiones, tomadas en contextos complejos, terminan definiendo el día a día de generaciones enteras.

Y quizá ahí reside la reflexión final.

Alcalá supo en 1986 aprovechar una oportunidad para transformarse. Supo mirar más allá de la urgencia inmediata y plantear una idea de ciudad.

Cuarenta años después, la pregunta no es qué ocurrió entonces, sino si seguimos siendo capaces de hacerlo.

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Redacción Alcalá Viva

Redacción de Alcalá Viva. Equipo editorial del medio digital independiente de Alcalá de Henares.

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